Derribar los Muros
Varios
Autores
Berlín, 9 de
noviembre de 1989, un alto cargo del gobierno de la RDA está dando una rueda de
prensa informando sobre la posibilidad de abrir la verja del muro que separa la
ciudad en dos y ante la pregunta de cuando se podrá pasar y no saber qué contestar
se le ocurre decir que no sabe, que ya.
Mijaíl Gorbachov llevaba un tiempo
negociando con los EEUU, en concreto con el presidente Reagan, el desmantelamiento del inmenso arsenal nuclear que a ambos
países les estaba resultando demasiado costoso y más cuando ya no tenía sentido
destruir el planeta en numerosas ocasiones. Esto rebajaba la tensión además de
la Glasnost (transparencia) y la Perestroika (reformas) que impulsaba el
mandatario soviético a raíz del desastre de Chernóbil.
Esto afectaba a todos los países del Pacto
de Varsovia, es decir todo el bloque del Este bajo la influencia soviética.
Dos ideologías, el capitalismo y el socialismo, dos formas de ver el mundo. Una
tendría que ser victoriosa.
El muro,
construido en 1961 llamado el muro de la
vergüenza, no solo separaba a una ciudad o un país como Alemania, separaba
un mundo en dos bloques antagónicos que desde el final de la guerra en 1945
estaban enfrentados en una guerra no declarada, la Guerra Fría, con un gran desgaste económico y con crisis (guerras
de Vietnam, Corea o la crisis de los misiles con Cuba) que estuvieron a punto
de acabar con la civilización. Durante esos 28 años numerosos ciudadanos de Berlín Este saltaron ese muro costando la vida a muchos de ellos, pero esa
noche de noviembre, debido a la confusión del miembro del gobierno, tuvieron la
posibilidad de cruzarlo y lo aprovecharon miles de personas. Al día siguiente
se calcula que lo cruzaron más de trescientas mil, comenzando con su derribo
con todo tipo de herramientas y repartiendo en pequeños trozos a quien lo
quisiera de recuerdo.
Este prólogo nos
sirve como punto de partida para reseñar el libro que tratamos, Derribar Muros; un grupo de autores de
probada solvencia, periodistas como Rosa María Artal, Javier Valenzuela, Pedro
de Alzaga, Javier Pérez de Albéniz filósofos como José Antonio Pérez Tapias,
Pablo Bustunduy, Carmen Madorrán Ayerra, abogados como Lourdes Lucía, Violeta
Assiego, y economistas como Ángels Martínez Castells, analizan, cada uno en su
capítulo, desde lo que ocurrió en 1989 hasta donde hemos llegado, la cultura,
la política, la desigualdad, el papel de los medios de comunicación, la
economía, el desaliento de la sociedad, como dice en el prólogo Federico Mayor
Zaragoza, Director General de la UNESCO de 1987 a 1999 y testigo directo de los
acontecimientos <<es tiempo de acción, de cambiar el rumbo de la
nave>> para que las generaciones que llegan no nos apliquen la terrible
sentencia de Albert Camus <<Les desprecio porque pudiendo tanto se atrevieron
a tan poco>>.
Pero no todo va a
ser bueno, han pasado treinta años desde el muro derribado y se han levantado
infinidad de ellos, físicos, psicológicos, morales, raciales, religiosos,
económicos, xenófobos, racistas y de todo tipo que podamos imaginar. Muros
entre países y dentro de los países. De estos parece que ya no se avergüenza
nadie.
El muro fue
derribado y el dinero venció y sigue venciendo. En ciertos momentos se
pretendió hacer políticas socialdemócratas para atajar los problemas sociales pero
el sistema económico neoliberal, el ganador, lo impide <<sálvese quien
pueda>> es su eslogan. El histórico Mare
Nostrum referente del inicio de la cultura occidental ha pasado a
convertirse en otro muro de la vergüenza con miles de personas muertas, refugiados
huyendo de la muerte, las guerras, el hambre, mueren ahogados o abandonados a
su suerte o rechazados con métodos inaceptables como armas o pelotas de goma,
hombres, mujeres y niños son vistos como un peligro para una estabilidad social
falsa ya que aparentemente supondrían un gasto como gente necesitada a la que
hay que ayudar. Los poderes nos los presentan como la peste <<los de aquí
primero>>, curiosamente a los de aquí tampoco la solidaridad llega. La
verdad es que con una pequeña parte de medios de los que se gastan para
rechazarlos serían suficiente para atajar el problema.
El muro se
derribó, no cayó, los mercados, la bolsa y la especulación vencieron,
convirtieron los Derechos Humanos en
negocio, la educación, la sanidad, las pensiones, la vivienda etc. se han
convertido en objeto de privatización, en negocio para unos pocos y dificultad
para muchos y lo más triste es que ya lo vemos normal. La riqueza de unos pocos
implica la pobreza de muchos, la distribución de la riqueza se ha convertido en
tabú, no vaya a ser que nos volvamos como los del bloque que perdió que todos
eran miserables y se asesinaba sin piedad. Con el ultra liberalismo bestial
muere cada año de hambre, enfermedades y necesidades más gente, más niños que
con los sistemas socialistas en toda su historia, solo de enfermedades
derivadas de la falta de agua potable y enfermedades que esto produce mueren
cada día más de dos mil niños según Intermón
Oxfam,
La información es un derecho humano, los medios de
comunicación nunca habían manipulado de forma más descarada, no es un servicio
público, es un negocio al servicio de
sus propietarios que nada tiene que ver con el periodismo, tiene que ver con el
mundo de la empresa y la política que se sirven de sus medios para manejar la
opinión pública y no sin la colaboración de profesionales del periodismo y la
opinión que no tienen ningún problema en mentir desde medios escritos, radiados
o en las tertulias televisivas. En redes sociales se andan con más cuidado ya
que la contestación, dejándoles en evidencia, la tienen asegurada.
Es evidente que
desde el mundo de la mujer y el feminismo y su lucha organizada en todo el
mundo hay un atisbo de esperanza. La desigualdad y el machismo nunca habían
estado tan en tela de juicio. Las mujeres han alcanzado puestos impensables
hasta hace poco tiempo, cargos importantes en todo tipo de instituciones están
destinados a ellas gracias a su propia lucha. Poco a poco los roles van cambiando,
pero todavía queda mucho camino en el mundo del trabajo, la empresa y el poder
económico. Lo conseguirán, todos seremos beneficiarios. La educación y la cultura son los medios para
luchar contra las lacras que nos atenazan.
Los movimientos
ecologistas llevan muchos años luchando contra la crisis ecológica, el peligro
nuclear y la extinción de especies incluso la humana. Numerosas ONG como Greenpeace llevan décadas denunciando y
luchando por la degradación del planeta realizando acciones muy espectaculares
incluso poniendo su vida en peligro en numerosas ocasiones y llevadas a cabo
por pequeños grupos de activistas. Un nuevo movimiento Extinction Rebellion parece empujar con fuerza en esta lucha. La
idea es movilizar al mayor número de gente posible a desobedecer a los
gobiernos de los países para tomar medidas de lo que parece seguro una Sexta Extinción de especies no provocada por la naturaleza sino por el
comportamiento egoísta humano que no respeta ni a sus descendientes. Parece que la concienciación por el
respeto a los animales hace mella en las nuevas generaciones de jóvenes y se
les ve decididos a luchar por un comportamiento más humano. Actividades como la
caza, el toreo y el maltrato de los animales parece que tienen sus días
contados. Movimientos como el que protagoniza la joven Greta Thunberg tiene millones de adolescentes seguidores en todo el
mundo, está en sus manos, ellos son los más inmediatos perjudicados.
El desarrollo
tecnológico debe ser para el bien de la humanidad, que las máquinas que se
crean sirvan a las personas para facilitarles tareas penosas y degradantes, no
para el enriquecimiento de unos pocos. Si hay que ir más despacio, se va. Que
las máquinas que construimos lo sean para trabajar para nosotros no que
trabajemos para ellas.
Es necesario un
control democrático para todas las estrategias geopolíticas y que estas estén
destinadas al desarrollo y la justicia de los pueblos garantizando los derechos
humanos para todos por encima de los intereses de las élites responsables de
graves violaciones.
Resumiendo, este
libro, Derribar los Muros, es una
llamada, un toque de atención de lo que está pasando, que al caer el Muro de Berlín no se acabaron los
problemas, que surgieron otros nuevos o se agudizaron los ya conocidos, que la
globalización tiene que estar pensada para todos no para unas pocas élites en
los países y que no sea el dinero el amo y señor de la humanidad. Hay
esperanzas.
interesante
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