sábado, 8 de febrero de 2020

LIBROS




Derribar los Muros
Varios Autores


     Berlín, 9 de noviembre de 1989, un alto cargo del gobierno de la RDA está dando una rueda de prensa informando sobre la posibilidad de abrir la verja del muro que separa la ciudad en dos y ante la pregunta de cuando se podrá pasar y no saber qué contestar se le ocurre decir que no sabe, que ya.
     Mijaíl Gorbachov llevaba un tiempo negociando con los EEUU, en concreto con el presidente Reagan, el desmantelamiento del inmenso arsenal nuclear que a ambos países les estaba resultando demasiado costoso y más cuando ya no tenía sentido destruir el planeta en numerosas ocasiones. Esto rebajaba la tensión además de la Glasnost (transparencia) y la Perestroika (reformas) que impulsaba el mandatario soviético a raíz del desastre de Chernóbil. Esto afectaba a todos los países del Pacto de Varsovia, es decir todo el bloque del Este bajo la influencia soviética. Dos ideologías, el capitalismo y el socialismo, dos formas de ver el mundo. Una tendría que ser victoriosa.
     El muro, construido en 1961 llamado el muro de la vergüenza, no solo separaba a una ciudad o un país como Alemania, separaba un mundo en dos bloques antagónicos que desde el final de la guerra en 1945 estaban enfrentados en una guerra no declarada, la Guerra Fría, con un gran desgaste económico y con crisis (guerras de Vietnam, Corea o la crisis de los misiles con Cuba) que estuvieron a punto de acabar con la civilización. Durante esos 28 años numerosos ciudadanos de Berlín Este saltaron ese muro costando la vida a muchos de ellos, pero esa noche de noviembre, debido a la confusión del miembro del gobierno, tuvieron la posibilidad de cruzarlo y lo aprovecharon miles de personas. Al día siguiente se calcula que lo cruzaron más de trescientas mil, comenzando con su derribo con todo tipo de herramientas y repartiendo en pequeños trozos a quien lo quisiera de recuerdo.
     Este prólogo nos sirve como punto de partida para reseñar el libro que tratamos, Derribar Muros; un grupo de autores de probada solvencia, periodistas como Rosa María Artal, Javier Valenzuela, Pedro de Alzaga, Javier Pérez de Albéniz filósofos como José Antonio Pérez Tapias, Pablo Bustunduy, Carmen Madorrán Ayerra, abogados como Lourdes Lucía, Violeta Assiego, y economistas como Ángels Martínez Castells, analizan, cada uno en su capítulo, desde lo que ocurrió en 1989 hasta donde hemos llegado, la cultura, la política, la desigualdad, el papel de los medios de comunicación, la economía, el desaliento de la sociedad, como dice en el prólogo Federico Mayor Zaragoza, Director General de la UNESCO de 1987 a 1999 y testigo directo de los acontecimientos <<es tiempo de acción, de cambiar el rumbo de la nave>> para que las generaciones que llegan no nos apliquen la terrible sentencia de Albert Camus <<Les desprecio porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco>>.
     Pero no todo va a ser bueno, han pasado treinta años desde el muro derribado y se han levantado infinidad de ellos, físicos, psicológicos, morales, raciales, religiosos, económicos, xenófobos, racistas y de todo tipo que podamos imaginar. Muros entre países y dentro de los países. De estos parece que ya no se avergüenza nadie.

     El muro fue derribado y el dinero venció y sigue venciendo. En ciertos momentos se pretendió hacer políticas socialdemócratas para atajar los problemas sociales pero el sistema económico neoliberal, el ganador, lo impide <<sálvese quien pueda>> es su eslogan. El histórico Mare Nostrum referente del inicio de la cultura occidental ha pasado a convertirse en otro muro de la vergüenza con miles de personas muertas, refugiados huyendo de la muerte, las guerras, el hambre, mueren ahogados o abandonados a su suerte o rechazados con métodos inaceptables como armas o pelotas de goma, hombres, mujeres y niños son vistos como un peligro para una estabilidad social falsa ya que aparentemente supondrían un gasto como gente necesitada a la que hay que ayudar. Los poderes nos los presentan como la peste <<los de aquí primero>>, curiosamente a los de aquí tampoco la solidaridad llega. La verdad es que con una pequeña parte de medios de los que se gastan para rechazarlos serían suficiente para atajar el problema.
     El muro se derribó, no cayó, los mercados, la bolsa y la especulación vencieron, convirtieron los Derechos Humanos en negocio, la educación, la sanidad, las pensiones, la vivienda etc. se han convertido en objeto de privatización, en negocio para unos pocos y dificultad para muchos y lo más triste es que ya lo vemos normal. La riqueza de unos pocos implica la pobreza de muchos, la distribución de la riqueza se ha convertido en tabú, no vaya a ser que nos volvamos como los del bloque que perdió que todos eran miserables y se asesinaba sin piedad. Con el ultra liberalismo bestial muere cada año de hambre, enfermedades y necesidades más gente, más niños que con los sistemas socialistas en toda su historia, solo de enfermedades derivadas de la falta de agua potable y enfermedades que esto produce mueren cada día más de dos mil niños según Intermón Oxfam,
     La información es un derecho humano, los medios de comunicación nunca habían manipulado de forma más descarada, no es un servicio público, es un negocio al servicio  de sus propietarios que nada tiene que ver con el periodismo, tiene que ver con el mundo de la empresa y la política que se sirven de sus medios para manejar la opinión pública y no sin la colaboración de profesionales del periodismo y la opinión que no tienen ningún problema en mentir desde medios escritos, radiados o en las tertulias televisivas. En redes sociales se andan con más cuidado ya que la contestación, dejándoles en evidencia, la tienen asegurada.
     Es evidente que desde el mundo de la mujer y el feminismo y su lucha organizada en todo el mundo hay un atisbo de esperanza. La desigualdad y el machismo nunca habían estado tan en tela de juicio. Las mujeres han alcanzado puestos impensables hasta hace poco tiempo, cargos importantes en todo tipo de instituciones están destinados a ellas gracias a su propia lucha. Poco a poco los roles van cambiando, pero todavía queda mucho camino en el mundo del trabajo, la empresa y el poder económico. Lo conseguirán, todos seremos beneficiarios.  La educación y la cultura son los medios para luchar contra las lacras que nos atenazan.
     Los movimientos ecologistas llevan muchos años luchando contra la crisis ecológica, el peligro nuclear y la extinción de especies incluso la humana. Numerosas ONG como Greenpeace llevan décadas denunciando y luchando por la degradación del planeta realizando acciones muy espectaculares incluso poniendo su vida en peligro en numerosas ocasiones y llevadas a cabo por pequeños grupos de activistas. Un nuevo movimiento Extinction Rebellion parece empujar con fuerza en esta lucha. La idea es movilizar al mayor número de gente posible a desobedecer a los gobiernos de los países para tomar medidas de lo que parece seguro una Sexta Extinción de especies no provocada por la naturaleza sino por el comportamiento egoísta humano que no respeta ni a sus descendientes. Parece que la concienciación por el respeto a los animales hace mella en las nuevas generaciones de jóvenes y se les ve decididos a luchar por un comportamiento más humano. Actividades como la caza, el toreo y el maltrato de los animales parece que tienen sus días contados. Movimientos como el que protagoniza la joven Greta Thunberg tiene millones de adolescentes seguidores en todo el mundo, está en sus manos, ellos son los más inmediatos perjudicados.
     El desarrollo tecnológico debe ser para el bien de la humanidad, que las máquinas que se crean sirvan a las personas para facilitarles tareas penosas y degradantes, no para el enriquecimiento de unos pocos. Si hay que ir más despacio, se va. Que las máquinas que construimos lo sean para trabajar para nosotros no que trabajemos para ellas.
     Es necesario un control democrático para todas las estrategias geopolíticas y que estas estén destinadas al desarrollo y la justicia de los pueblos garantizando los derechos humanos para todos por encima de los intereses de las élites responsables de graves violaciones.
     Resumiendo, este libro, Derribar los Muros, es una llamada, un toque de atención de lo que está pasando, que al caer el Muro de Berlín no se acabaron los problemas, que surgieron otros nuevos o se agudizaron los ya conocidos, que la globalización tiene que estar pensada para todos no para unas pocas élites en los países y que no sea el dinero el amo y señor de la humanidad. Hay esperanzas.
                                                                                                                    


    
    
    

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