viernes, 8 de mayo de 2020

LIBROS



El Contrato Social
Jean Jacques Rousseau

         Uno de los textos básicos de la Historia de la Filosofía, El Contrato Social o Los Principios del Derecho Político, Jean Jacques Rousseau (1762), tratado de filosofía política sobre la libertad e igualdad de los hombres bajo un estado y por un contrato social. Su visión filosófica del individuo es en la que se fundamenta el liberalismo, con una gran influencia en la Revolución Francesa.
          Jean Jacques Rousseau, Ginebra (1712) Ermenonville, Francia (1778), aunque sus restos fueron trasladados a París al Panteón de hombres ilustres frente a los restos de su gran enemigo en vida, Voltaire. De vida dispersa, incluso inmoral y permanentemente perseguido por la censura, casi todos sus libros fueron quemados en vida y al final convertidos en guía política por los revolucionarios. (Para más inf. Wikipedia).
          Las obras de Rousseau resultan controvertidas para su época, sus ideas rompedoras con las predominantes, “el hombre nace libre, pero en todos los lados está encadenado”, “el hombre por naturaleza nace bueno, es la sociedad quien le envilece”(el buen salvaje), le convierten en enemigo del sistema, también entre sus coetáneos, como Voltaire o el inglés Hobbes “el hombre es un lobo para el hombre” o la violencia como legítimo recurso frente a la violencia del déspota (los revolucionarios se lo tomaron en serio). Para Marx y Engels fue un legítimo referente. El Contrato Social se compone de cuatro libros (no asustarse, van todos en el mismo), divididos en bastantes capítulos, en el primero trata sobre el pacto social y una ligera historia de este tipo de pactos, el segundo sobre la soberanía, el pueblo, las leyes, (el pueblo es soberano, según el tipo de pacto), el tercero sobre el gobierno, la democracia, de los representantes, y en el cuarto sobre el sufragio, la dictadura, la religión etc.
          Aquí muestro algunas ideas que al igual que las antes mencionadas, nos pueden llevar a reflexión:
1.      El derecho que tengo a votar, me impone el deber de instruirme.
2.      En tanto que un pueblo está obligado a obedecer y obedece, hace bien; tan pronto como puede sacudir el yugo, y lo sacude, actúa mejor todavía, pues recobrando su libertad con el mismo derecho con que le fuera escamoteada, prueba que fue creado para su disfrute. De lo contrario, no fue jamás digno de disfrutarla.
3.      En la familia, el amor del padre hacia sus hijos, le recompensa de los cuidados que les dispensa, en tanto que en el Estado es el placer de mandar lo que reemplaza a ese amor que el jefe no siente por sus pueblos.
4.      El más fuerte no lo es siempre demasiado para ser constantemente amo o señor, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.
5.      Sería, pues, necesario para que un gobierno arbitrario resultara legítimo, que a cada generación el pueblo fuese dueño de admitir o rechazar su sistema y en tal caso este gobierno dejaría de ser arbitrario. (Constitución del 78).
6.      La guerra no es, pues, una relación de hombre a hombre sino de Estado a Estado en la cual los individuos son enemigos accidentalmente, no como hombres ni como ciudadanos, sino como soldados; no como miembros de la patria sino como sus defensores.
7.      Si la guerra no da al vencedor el derecho de asesinar a los pueblos vencidos, no puede darle tampoco el de someterlos a la esclavitud.
8.      Lo que no es nada, nada produce.
9.      En general para autorizar el derecho de primer ocupante sobre un terreno cualquiera son necesarias las condiciones siguientes: La primera, que el terreno no esté ocupado por otro, la segunda, que no se ocupe más que la parte necesaria para subsistir; la tercera, que se tome posesión de él, no en función de una vana ceremonia, sino por el trabajo y el cultivo, único signo de propiedad que, en ausencia de títulos jurídicos, debe ser respetado por los demás.
10.  Las Leyes son siempre útiles a los que poseen y perjudiciales a los que carecen de todo.
11.  La voluntad general (el pueblo soberano), puede únicamente dirigir las fuerzas del Estado según los fines de su institución, que es el bien común.
12.  En un Estado bien gobernado hay pocos castigos, no porque se concedan muchas gracias, sino porque existen pocos criminales.
13.  El pueblo, lo mismo que esos enfermos estúpidos y cobardes que tiemblan en presencia del médico, no puede soportar que se toque siquiera sus males para destruirlos.
14.  No conozco el arte de ser claro para el que no quiere ser atento.
15.  Un paralítico que quiera correr, como un hombre ágil que no quiera, continuarán ambos en la misma situación.
16.  Para que un Estado monárquico resulte bien gobernado, necesita que su grandeza o extensión esté en relación con las facultades del que gobierna. Es más fácil conquistar que regir los destinos de un país. Con una palanca suficiente se puede levantar con un dedo el mundo, pero para sostenerlo son necesarias las espaldas de un Hércules.
17.  La corona hereditaria corre el riesgo de admitir por jefes a niños, a monstruos, a imbéciles, antes que tener que discutir la elección de buenos reyes.
18.  La monarquía no conviene, pues, a naciones opulentas; la aristocracia, a los Estados mediocres en riqueza y la democracia a los pequeños y pobres.
19.  En fin, en vez de gobernar a los súbditos para hacerlos dichosos, el despotismo los hace miserables con tal de gobernarlos.
20.  Cuando el Estado se disuelve, el abuso del gobierno, cualquiera que él sea, toma el nombre de anarquía. Distinguiendo: la Democracia degenera en oclocracia, la aristocracia en oligarquía, debiendo señalarse que la monarquía degenera en tiranía.
21.  El cuerpo político como el cuerpo humano, comienza a morir desde su nacimiento, llevando en sí los gérmenes de la destrucción. Pero el uno y el otro pueden tener una constitución más o menos robusta y conservarse más o menos tiempo. La constitución humana es obra de la naturaleza, pero la del Estado es obra del Arte.
22.  El principio de la vida política se encuentra en la autoridad soberana. El poder legislativo es el corazón del Estado; el ejecutivo es el cerebro que lleva el movimiento a todas partes.
23.  Las buenas leyes traen otras mejores; con las malas ocurre lo contrario.
24.  Cuanto más concierto reina en las asambleas, es decir, cuanto más unánimes son las opiniones, más imperante es la voluntad general; en tanto que los prolongados debates, las discusiones, los tumultos, señalan el ascendiente de los intereses particulares y, por consiguiente, la decadencia del Estado.
25.  Tácita cuenta que, en tiempos de Otón, los senadores anegaban de insultos a Vitelio haciendo a la vez un ruido espantoso, a fin de que, si por casualidad llegara a ser el amo, no pudiera saber lo que cada cual había dicho.
26.  Decir o declarar que el hijo de un esclavo nace esclavo, es declarar que no nace hombre.
27.  Instituido el Estado, la residencia es señal implícita de consentimiento: Habitar el territorio es someterse a la soberanía.
28.  Encauzad las opiniones de los hombres y las costumbres se depurarán por sí solas.
29.  Los primeros reyes de los hombres fueron los dioses, y su primera forma de gobierno, por tanto, la teocrática.
30.  Del hecho de colocar a Dios como jefe de toda sociedad política se comprende que haya habido tantos dioses como naciones, puesto que no es posible que dos pueblos extraños y casi siempre enemigos puedan por mucho tiempo reconocer a un mismo jefe, como no podrían dos ejércitos enfrentados obedecer al mismo general.
Oclocracia: Autoridad de un populacho corrompido y tumultuoso, despotismo de tropel, nunca el gobierno de un pueblo (James Mackintosh).
Nada más, no quiero aburrir.

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