El Contrato
Social
Jean Jacques
Rousseau
Uno de los textos básicos de la Historia de
la Filosofía, El Contrato Social o Los
Principios del Derecho Político, Jean Jacques Rousseau (1762), tratado de
filosofía política sobre la libertad e igualdad de los hombres bajo un estado y
por un contrato social. Su visión
filosófica del individuo es en la que se fundamenta el liberalismo, con una
gran influencia en la Revolución Francesa.
Jean Jacques
Rousseau, Ginebra (1712) Ermenonville, Francia (1778), aunque sus restos fueron
trasladados a París al Panteón de hombres ilustres frente a los restos de su
gran enemigo en vida, Voltaire. De vida dispersa, incluso inmoral y
permanentemente perseguido por la censura, casi todos sus libros fueron
quemados en vida y al final convertidos en guía política por los
revolucionarios. (Para más inf. Wikipedia).
Las obras de
Rousseau resultan controvertidas para su época, sus ideas rompedoras con las
predominantes, “el hombre nace libre, pero en todos los lados está encadenado”,
“el hombre por naturaleza nace bueno, es la sociedad quien le envilece”(el buen
salvaje), le convierten en enemigo del sistema, también entre sus coetáneos,
como Voltaire o el inglés Hobbes “el hombre es un lobo para el hombre” o la
violencia como legítimo recurso frente a la violencia del déspota (los
revolucionarios se lo tomaron en serio). Para Marx y Engels fue un legítimo
referente. El Contrato Social se compone de cuatro libros (no asustarse, van
todos en el mismo), divididos en bastantes capítulos, en el primero trata sobre
el pacto social y una ligera historia de este tipo de pactos, el segundo sobre
la soberanía, el pueblo, las leyes, (el pueblo es soberano, según el tipo de
pacto), el tercero sobre el gobierno, la democracia, de los representantes, y
en el cuarto sobre el sufragio, la dictadura, la religión etc.
1. El derecho que tengo a votar, me
impone el deber de instruirme.
2. En tanto que un pueblo está obligado
a obedecer y obedece, hace bien; tan pronto como puede sacudir el yugo, y lo
sacude, actúa mejor todavía, pues recobrando su libertad con el mismo derecho
con que le fuera escamoteada, prueba que fue creado para su disfrute. De lo
contrario, no fue jamás digno de disfrutarla.
3. En la familia, el amor del padre
hacia sus hijos, le recompensa de los cuidados que les dispensa, en tanto que
en el Estado es el placer de mandar lo que reemplaza a ese amor que el jefe no
siente por sus pueblos.
4. El más fuerte no lo es siempre
demasiado para ser constantemente amo o señor, si no transforma su fuerza en
derecho y la obediencia en deber.
5. Sería, pues, necesario para que un
gobierno arbitrario resultara legítimo, que a cada generación el pueblo fuese
dueño de admitir o rechazar su sistema y en tal caso este gobierno dejaría de
ser arbitrario. (Constitución del 78).
6. La guerra no es, pues, una relación
de hombre a hombre sino de Estado a Estado en la cual los individuos son
enemigos accidentalmente, no como hombres ni como ciudadanos, sino como
soldados; no como miembros de la patria sino como sus defensores.
7. Si la guerra no da al vencedor el derecho
de asesinar a los pueblos vencidos, no puede darle tampoco el de someterlos a
la esclavitud.
8. Lo que no es nada, nada produce.
9. En general para autorizar el derecho
de primer ocupante sobre un terreno cualquiera son necesarias las condiciones
siguientes: La primera, que el terreno no esté ocupado por otro, la segunda,
que no se ocupe más que la parte necesaria para subsistir; la tercera, que se
tome posesión de él, no en función de una vana ceremonia, sino por el trabajo y
el cultivo, único signo de propiedad que, en ausencia de títulos jurídicos,
debe ser respetado por los demás.
10. Las Leyes son siempre útiles a los
que poseen y perjudiciales a los que carecen de todo.
11. La voluntad general (el pueblo
soberano), puede únicamente dirigir las fuerzas del Estado según los fines de
su institución, que es el bien común.
12. En un Estado bien gobernado hay pocos
castigos, no porque se concedan muchas gracias, sino porque existen pocos
criminales.
13. El pueblo, lo mismo que esos enfermos
estúpidos y cobardes que tiemblan en presencia del médico, no puede soportar
que se toque siquiera sus males para destruirlos.
14. No conozco el arte de ser claro para
el que no quiere ser atento.
15. Un paralítico que quiera correr, como
un hombre ágil que no quiera, continuarán ambos en la misma situación.
16. Para que un Estado monárquico resulte
bien gobernado, necesita que su grandeza o extensión esté en relación con las
facultades del que gobierna. Es más fácil conquistar que regir los destinos de
un país. Con una palanca suficiente se puede levantar con un dedo el mundo,
pero para sostenerlo son necesarias las espaldas de un Hércules.
17. La corona hereditaria corre el riesgo
de admitir por jefes a niños, a monstruos, a imbéciles, antes que tener que
discutir la elección de buenos reyes.
18. La monarquía no conviene, pues, a
naciones opulentas; la aristocracia, a los Estados mediocres en riqueza y la
democracia a los pequeños y pobres.
19. En fin, en vez de gobernar a los
súbditos para hacerlos dichosos, el despotismo los hace miserables con tal de
gobernarlos.
20. Cuando el Estado se disuelve, el
abuso del gobierno, cualquiera que él sea, toma el nombre de anarquía.
Distinguiendo: la Democracia degenera en oclocracia,
la aristocracia en oligarquía, debiendo señalarse que la monarquía degenera en
tiranía.
21. El cuerpo político como el cuerpo
humano, comienza a morir desde su nacimiento, llevando en sí los gérmenes de la
destrucción. Pero el uno y el otro pueden tener una constitución más o menos
robusta y conservarse más o menos tiempo. La constitución humana es obra de la
naturaleza, pero la del Estado es obra del Arte.
22. El principio de la vida política se
encuentra en la autoridad soberana. El poder legislativo es el corazón del
Estado; el ejecutivo es el cerebro que lleva el movimiento a todas partes.
23. Las buenas leyes traen otras mejores;
con las malas ocurre lo contrario.
24. Cuanto más concierto reina en las
asambleas, es decir, cuanto más unánimes son las opiniones, más imperante es la
voluntad general; en tanto que los prolongados debates, las discusiones, los tumultos,
señalan el ascendiente de los intereses particulares y, por consiguiente, la
decadencia del Estado.
25. Tácita cuenta que, en tiempos de
Otón, los senadores anegaban de insultos a Vitelio haciendo a la vez un ruido
espantoso, a fin de que, si por casualidad llegara a ser el amo, no pudiera
saber lo que cada cual había dicho.
26. Decir o declarar que el hijo de un
esclavo nace esclavo, es declarar que no nace hombre.
27. Instituido el Estado, la residencia
es señal implícita de consentimiento: Habitar el territorio es someterse a la
soberanía.
28. Encauzad las opiniones de los hombres
y las costumbres se depurarán por sí solas.
29. Los primeros reyes de los hombres
fueron los dioses, y su primera forma de gobierno, por tanto, la teocrática.
30. Del hecho de colocar a Dios como jefe
de toda sociedad política se comprende que haya habido tantos dioses como
naciones, puesto que no es posible que dos pueblos extraños y casi siempre
enemigos puedan por mucho tiempo reconocer a un mismo jefe, como no podrían dos
ejércitos enfrentados obedecer al mismo general.
Oclocracia: Autoridad de un populacho
corrompido y tumultuoso, despotismo de tropel, nunca el gobierno de un pueblo
(James Mackintosh).
Nada más, no quiero aburrir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario